El 12 de septiembre sabe a resaca dulce en Kabul. Sabe al
cansancio del “día después”, de la celebración que te deja exhausto pero
satisfecho, del espejismo de una felicidad concentrada durante unas pocas horas
que podría durar para siempre.
Ayer por la noche, 11 de septiembre, las calles de Kabul se
llenaron de gente (hombres exclusivamente, por supuesto) celebrando, bailando,
cantando, ondeando banderas nacionales.
Se oían disparos al aire, risas y música a todo volumen en las casas de
los vecinos. Y muchos gritos de “Afghanistan, Afghanistan, Afghanistaaaaaan!!”.
La fecha era pura casualidad. En realidad, a la población
afgana le importa poco el recuerdo del 11S. Durante la época talibán,
recordemos, la televisión estaba prohibida en este país. Casi nadie vio las
imágenes de las Torres Gemelas despedazándose. Y aún hoy, tantos años después,
la mayoría de agfanos y afganas no saben qué es el tan archiconocido 11S, a pesar de que conmemora algo que a ellos les afectó de lleno.
No, lo de ayer era otra cosa. La selección de fútbol afgana
ganaba, por primera vez, un título internacional: la Copa Surasia. Final
contra India, vencedora en seis ocasiones del torneo, en Katmandú. Resultado-final-Afganistán-dos-India-cero.
Y luego, la alegría Los tiros. Los gritos. La música. La felicidad en los
rostros. Euforia. Euforia. Euforia.
En la calle, me cuentan (las normas de seguridad me
impidieron vivirlo en primera persona), se mezclaron afganos de todas las
etnias a celebrar. Lo veo en imágenes por la tele: hazaras, tayikos, pastunes…
dando saltos a la vez. Un hecho sin precedentes en Afganistán, una celebración
conjunta. Lo primero que me dice mi
traductor esta mañana es justamente eso: “Ayer, por primera vez en la vida, vi
a gente de todas las etnias celebrando a la vez en las calles”. Histórico, sin
lugar a dudas.
Y luego la reflexión barata (mi discurso habitual): todo
esto por un deporte, por el fútbol. Si pusiéramos la misma pasión a las
cuestiones políticas blablabla. Si lográramos esta unión entre etnias en
Afganistán de manera permanente blablabla. Si la gente saliera a la calle a
celebrar más a menudo blablabla. La frivolidad del fútbol blablabla. El dinero
que mueve blablabla.
Hoy, la verdad, doy la espalda a estos argumentos
(seguramente será sólo hoy, quién sabe). Es tan poco frecuente ver a la
población afgana feliz, celebrando, unida… A pesar de los disparos al aire, no
se ha informado de accidentes. La gente
sigue sonriente. En la oficina hemos dejado encendida la tele, para ver el
especial que se emite. La presentadora cubre sus cabellos con un velo con los
colores de la bandera afgana. Los jugadores siguen bailando en las calles. Por
un día, como un sueño pasajero, no está mal esta pseudo-armonía nacional.
Mañana, lo sé, todo volverá a ser lo que fue. Y las balas en Afganistán volverán
a significar lo de siempre.
(Photo: Rahmat Gul, AP. Fuente: www.usatoday.com)
