-¿Qué día empieza el Ramadán? –
pregunto con curiosidad a mis compañeros de trabajo. Mi investigación
cibernética me ha dejado confundida, pues aparecen distintas fechas de inicio
para este evento que, creía, era común en el calendario de todos los países islámicos.
Es una semana compleja a nivel de trabajo, así que necesito saber el día de
arranque (que es festivo) para poder organizarme.
Mis compañeros se encogen de
hombros. “Lo sabremos la noche antes, hacia las once o doce”, responden. Soy
incrédula, lo reconozco. No me creo ni una palabra.
El domingo (día laborable aquí) me
llama el coordinador de una de nuestras contrapartes. “María Jaan, mejor
adelantemos la reunión pendiente para el martes al lunes, porque es probable
que empiece el Ramadán el martes”. ¿Es probable?, me pregunto. Faltan sólo 2
días, ¿cómo es que nadie sabe que día empieza? “Los mullás avisarán la noche
antes por la televisión”, me insisten mis compañeros. No entiendo nada. ¿Por
qué no nos pueden avisar con más antelación? ¿Qué sentido tiene enterarse la
noche antes? ¿Cómo voy a trazar mis planes de reuniones con entidades si no sé
si será festivo?
Vuelvo a mi salvavidas, a mi
informante… San Google. “El 9 de Julio de 2013 se celebra el
inicio del Ramadán del año 1433 de la Hégira.”, leo. Perfecto. Entonces, dejaré
el martes 9 de julio libre de reuniones. Y así sigue la vida. El lunes todo el
mundo tiene en la cabeza que al día siguiente será festivo. Y sólo por eso, ya
nadie tiene ganas de trabajar.
A
las diez de la noche, nos avisan de que “los sabios y expertos integrantes del Moon
Sighting Committee de Arabia Saudita todavía no alcanza a observar el primer
cuarto creciente tras el novilunio”. Y ahí, por fin, lo empiezo a entender.
El
calendario musulmán se rige totalmente por la luna. Sus meses son lunares (se
basan en el tiempo que tarda la luna en dar la vuelta al planeta Tierra). En
cada país, una Autoridad Islámica competente determina, observando la luna, si
ya ha empezado el noveno mes del calendario que marca el inicio del Ramadán. En
Afganistán, concretamente, “dependemos” de la decisión de los sabios saudíes.
Pregunto a un extranjero que lleva tiempo viviendo aquí y me comenta que la
observación del cuarto creciente depende de mil factores atmosféricos y que
cada “Autoridad” utiliza un método de observación distinto (en este momento,
sólo puedo pensar en True Blood y la Autoridad Vampírica; lo sé, cada vez soy
más hereje). El resultado de esto es que en cada país, islámico o no, el
Ramadán (y el mes) inicia un día diferente. Tras varios bulos por la red
(twitter, facebook y demás) y un par de anuncios televisivos inciertos, por
fin, a las once de la noche, nos enteramos de que no, de que finalmente mañana no iniciará
el Ramadán… será probablemente pasado mañana. Probablemente.
Horas
antes la mayoría de la población afgana estaba convencida de que el martes
sería festivo. Así que en general, lo sé, el martes será poco productivo, pues
ya nadie tendrá ganas de trabajar…
Escribo
esto en martes. En víspera de festivo, creo. A pocas horas de iniciar el
Ramadán, creo. Probablemente. Creo. Todo es incierto. Hasta que la Autoridad
aviste la luna. Hasta que sepamos si hay cuarto creciente o no.
A ver si tengo suerte y esta vez acierto a enviar el comentario. Ya llevo tres intentos y creo que fallidos. En resumen, que por tercera vez te digo que creo que has sido la primera mujer que ha metido los pies en el lago, desde la llegada de los talibanes. Una actitud muy valiente por tu parte.
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