¿POR QUÉ “ELECTRICITYLAND”?

Años 90. Se interrumpe completamente el servicio de electricidad y agua potable en la ciudad de Kabul.

Año 2013. Frecuentes cortes de suministro eléctrico nos hacen depender del generador (y cuando esto ocurre: cuidado-desconecta el calentador-desconecta el ordenador-desconecta todo lo que puedas).

El aire seco de Kabul me convierte en una acumulación andante de electricidad estática. Saltan chispas cuando rozo objetos, personas y puertas de coches.

“Sós muy eléctrica”, me decían en El Salvador, refiriéndose a mis ganas y energías de hacer mil “volados” en el mínimo tiempo posible.

Y siempre quise ser eléctrica, gaffer o jefa de eléctricos de rodajes.

WELCOME TO ELECTRICITYLAND (mi vida en Kabul)!!

viernes, 31 de enero de 2014

Que nunca llueve a gusto de todos


En diciembre hicimos una pausa, un “break” como se viene en decir si trabajas con influencia del inglés, y estuvimos de vacaciones en España. Nos habían llenado el cuerpo de miedo, diciéndonos que a nuestro regreso moriríamos literalmente de frío, en esta ciudad que se encuentra a casi 1.900 metros de altura y que está rodeada de montañas, donde las casas no están aisladas del exterior, donde parece ser que todos los inviernos un manto de nieve cubre la ciudad y donde los coches patinan por el hielo provocando decenas de accidentes al día.

Nos dijeron que había que aprovisionarse de leña para las calefacciones, que había que tener cuidado y no dejar el grifo totalmente cerrado por las noches, pues las cañerías se congelan y si no corre un hilillo de agua revientan. Nos dijeron que un simple anorak de toda la vida no servía, que había que venir con ropa de invierno antártico, llevar camisetas térmicas, cubrir las ventanas de plástico. Que los proyectos se paralizaban por el frío, que necesitábamos dos edredones y triple manta, que los calcetines normales no eran suficiente.

El siete de enero, como buenos consumidores occidentales, estábamos puntualmente en el Decathlon, invirtiendo en ropa de abrigo de rebajas, con la idea de minimizar el sufrimiento del terrible invierno que nos esperaba en Kabul, más teniendo en cuenta que nuestros anteriores inviernos habían sido en el Trópico, donde los veinte grados centígrados ya son noticia en el periódico y se consideran una ola de frío.

El invierno que nos hemos encontrado en Kabul, sin embargo, es suave comparado con lo que esperábamos. Casi todos los días brilla el sol, no ha nevado desde que llegamos, y aunque algunas noches hemos rozado los cero grados, a la luz del día es comparable a un invierno de los fríos en Barcelona. Llevamos un par de días sin encender el “boohari” en la habitación y las botas que nos compramos para frío extremo nos dan demasiado calor. 

Aunque se espera una bajada de las temeraturas para los próximos días, e incluso se han anunciado lluvias y nevadas, si no cambia el clima drásticamente, éste será recordado como uno de los inviernos más calurosos de Kabul. Y aunque para mí esto es una suerte, la población afgana está preocupada: sin frío no hay nieve, sin nieve no hay deshielo, sin deshielo no hay agua, sin agua los campos no producen. Resumiendo: las tropas se retiran, el país se convulsiona, las elecciones vaticinan ataques violentos, el trabajo se ha paralizado por el contexto político… y lo único que le faltaba a Afganistán para coronar este desastre es tener un año de malas cosechas y menor producción agrícola y, por tanto, económica. Que nunca llueve a gusto de todos está claro… pero es que aquí, este año, simplemente no llueve.

Así que, en contra de mis intereses personales, cruzo los dedos para que cambie de verdad la temperatura, para que el termómetro marque negativo y para que la ciudad se cubra de nieve y hielo. Para congelarme, vaya. 


1 comentario:

  1. Por las fotos que has enviado y tus planes del próximo fin de semana, veo que ha llegado la nieve y será un año de bienes...

    ResponderEliminar