Su padre
era adicto al juego, como tantos hombres afganos, y entre apuesta y apuesta
perdió el trabajo, todos los ahorros, la casa y aquel pedacito de tierra.
Su padre
era adicto al juego, como tantos hombres afganos, y se reunía con sus amigotes
de noche y en secreto, porque el islam prohíbe tajantemente cualquier práctica
relacionada con las apuestas.
Su padre
era adicto al juego y en aquella partida ya no tenía nada que apostar. Aún así,
jugó. Y volvió a perder. Así que la entregó al ganador de la noche el día que
ella cumplía 13 años. La boda fue un mes después.
El ganador
de la noche tenía la edad de su padre y era como su padre: jugador, violento,
sin escrúpulos. Desde el primer día puso las cosas claras. Tú me perteneces
porque te he ganado jugando, así que serás mi esclava, mi servidora. Tendré
sexo con otras, podré casarme con otras, y tú les servirás a ellas como me
tienes que servir a mí. Lo hagas bien o lo hagas mal, te daré palizas a menudo,
para recordarte que eres poco más que un objeto que respira para mí.
Y ella
decidió quitarse la vida.
Quisiera
que fuera excepcional. Quisiera que me hubieran contado esto como una anécdota,
algo ocurrido en la época talibán, algo que alguien le contó a alguien y se
convirtió en una leyenda urbana: “la hija del amigo de un primo de un conocido…”.
Pero no. Esta historia es común en Afganistán. Es frecuente. Es reiterada.
El 10 de
septiembre de este año, coincidiendo con el Día para la Prevención del
Suicidio, el Ministerio de Salud Pública de Afganistán presentó un informe con
ese tipo de datos que te ponen la piel de gallina involuntariamente. El
primero: Afganistán es el único país del mundo donde se suicidan más mujeres
que hombres (el 95 por ciento de los casos son mujeres). Sólo en 2012, se
quitaron la vida 2.500 mujeres. Según Fawzia Nawabi, de la Comisión
Independiente de Derechos Humanos, los datos no oficiales (los reales) son
mucho más escalofriantes, pues muchos suicidos ni siquiera se registran por ser
una vergüenza para las familias.
Las
entidades que trabajan en Derechos Humanos en Afganistán coinciden en que la
causa principal de la alta tasa de suicidios femeninos es el matrimonio forzado
e infantil y lo que éste implica: violencia sistemática, física y psicológica,
contra las mujeres.
Según datos
del último informe semestral de UNAMA (la Misión de las Naciones Unidas para
Afganistán) los casos de violencia doméstica en Afganistán aumentaron en 2013
respecto al año 2012. La violencia contra las mujeres en la esfera privada es
tan habitual que ni siquiera se etiqueta como “violencia”. Que ni siquiera es un hecho relevante para nadie.
Pero es tan relevante que aumenta de año en año.
Y mientras aumenta,
las grandes agencias de cooperación y la comunidad internacional se llenan la
boca con resultados logrados: los derechos de las mujeres siguen mejorando de
forma lenta pero segura en Afganistán, dicen.
Y yo quisiera contarles tantas cosas… tantas cosas que nunca van a
escuchar.
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